San Pancho

San Pancho está como a media hora de Nuevo Vallarta, entre Sayulita y Guayabitos, en el Estado de Nayarit.

El pintoresco pueblo de San Francisco

Conocido comúnmente como San Pancho, da la sensación como que no vale la pena parar, pero créeme que te sorprenderá, el pueblo es pequeño y con una tranquilidad que atrae, con una calle principal empedrada al estilo antiguo y un encanto singular.

Un poco de historia de San Pancho

Los primeros habitantes de la zona de San Pancho, donde la Sierra Madre del Sur comienza, fueron tribus indígenas que pertenecen al grupo Tatuan de Nayares.

En 1524 Don Francisco Cortés de Buenaventura nombró al área como Azapan. Eventualmente el español consiguió bautizar el lugar con el nombre cristiano de San Francisco de Azapan y lo hizo parte de la Hacienda Jaltemba, que produce aceite de coco.

En 1936, las tierras comunitarias de Sayulita, a la que San Pancho pertenece, fueron formadas.

Este establecimiento, de alguna manera, creó el espíritu de comunidad que caracteriza a esta zona.

Y es, precisamente, el apoyo social de sus habitantes, además de su trabajo en conjunto con los proyectos educativos, temas de medio ambiente, y la promoción de las artes, que ha impulsado el crecimiento positivo y el desarrollo de San Pancho, Nayarit.

¿Qué hay en San Pancho?

En San Pancho encontrarás igual galerías de arte, boutiques de joyas y artesanías, un hotel con habitaciones de lujo con vista al mar y restaurantes gourmet, que gente local vendiendo artesanías en la calle, rústicos hostales con buena vibra y puestos de tacos, palapas en la playa y diversos cafés donde pasar un buen rato.

El ambiente es relajado, muy agradable y hasta un tanto hippie pero chic, encontrarás muchos extranjeros que viven ahí, se ha convertido en uno de los destinos predilectos de expatriados.

Sus habitantes se han preocupado por sus tradiciones, su comida y sobretodo, por la naturaleza, para no perder la autenticidad del pueblo, es un lugar artístico y cultural, lleno de maravillosos locales de productos artesanales.

La playa es espectacular, larga, ancha y súper tranquila, de arena fina, con un oleaje parejo, perfecta para quienes buscan privacidad, relajarse y alejarse del bullicio del turismo; ideal para caminar, broncearse y muy famosa entre los surfistas que disfrutan sorteando las olas del Pacífico.

Además ahí mismo en la playa, sus dos restaurantes La Perla y Las Palmas tienen excelentes propuestas de pescados y mariscos; no te puedes ir sin probar sus aguachiles, ceviches y tostadas de atún.

San Pancho está rodeado por jungla y cerros y lo que va quedando de las montañas de la Sierra Madre.

Puedes ir a los esteros a observar aves o visitar el Orquideario, un sendero de dos kilómetros entre la selva para apreciar coloridas flores y darte vuelo tomándoles fotografías y aprendiendo todo lo relacionado a estas bellas flores.

Siempre hay algo que hacer o ver en San Pancho: caminar por sus tranquilas calles apreciando las casas de colores, unas más coquetas que otras, visitar su extensa playa virgen para caminar descalzo, apreciar el atardecer junto a la gente que se reúne al espectáculo o pasar viendo el cielo estrellado.

Todo esto es parte de una realidad que se vive todos los días en este encantador pueblo.

Sayulita

Si te dan ganas de pasear, a pocos kilómetros está Sayulita, un pueblo de pescadores que era muy tranquilo, y aunque muchos norteamericanos residentes ahí todavía lo describen de esa manera, la verdad es que en temporada alta el lugar está lleno de turistas, atraídos aquí por la hermosa playa de arena dorada, buenas olas para el surf, buenos restaurantes y de buen gusto, hoteles y B&Bs.

Sayulita es una próspera escena hipster-surfer y un lugar agradable para relajarse durante unos días.

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